Cuando los hombres eran hombres

Los inicios del ciclocross se remontan a la última década del siglo XIX, cuando los ciclistas franceses en pretemporada utilizaban sendas en los bosques preparadas para el paso y el entrenamiento de caballos. Estas sendas contaban con partes lodosas y barreras para que los equinos ejecutasen sus saltos. Los ciclistas cargaban al hombro sus máquinas y a pie atravesaban esas zonas no aptas para ser ciclables. Había nacido el ciclocross.

Con respecto al ciclocross de competición, este fue ideado por uno de los padres del Tour de Francia, Géo Lefevre, el cual recurría a los orígenes descritos anteriormente, escribió en L’Auto: “suponed que un ciclista tenga, en tiempos de guerra, por ejemplo, la obligación de rodar por malas carreteras, de pedalear o trotar por campos de labranza, de enfilar por zonas boscosas y de franquear fosas, y así sabréis cuál es el principio del ciclocross”. Tras este anuncio, el primer Campeonato Nacional se disputó en 1903, seis meses antes de la primera edición del Tour, con una gran aceptación en el gentío de la época. Las filmaciones para la posteridad no se hicieron esperar, y para muestra un botón. El Campeonato Nacional en Fontainbleau de 1929. Un circuito bastante “natural” comparado con los actuales, en el que te podías clavar astillas de los árboles derribados para crear el circuito o terminar en la maleza si te salías del mismo. En total se completaban unos 20kms.  El ganador de esa edición fue Camille Foucaux (1h 48min) por delante de Auguste Segaud y Marcel Mazeyrat.

Normalmente las competiciones se disputan sobre un circuito, pero también existían las pruebas en línea, es decir, ir de un punto A, a un punto B. Los ciclistas debían afrontar las barreras que la naturaleza les presentaba, colinas, zonas pantanosas e incluso ríos a los que los competidores arrojaban sus vetustas bicicletas de hierro y posteriormente se introducían en el agua para recogerlas sin temor a la corriente.

Los estilos del ciclocross y el ciclismo en ruta son diferentes, pero eso no hace que su compatibilidad sea novedad únicamente en la actualidad con nombres como Zdenek Stybar, Lars Boom, John Gadret o Steve Chainel. Ya en sus primeros años de vida, Eugène Christophe, el primer hombre en vestir el maillot jaune del Tour cuando fue creado para el líder de la general en 1919, era un consumado ciclocrossman y uno de los dominadores del calendario francés. Posteriormente, Charles Pelissier, ganador de 16 etapas en el Tour de Francia, preparaba sus citas de julio copando los primeros puestos en las pruebas invernales y siendo campeón nacional en tres ocasiones. Pelissier ocupa también otra página en la historia negra del dopaje, cuando en 1924 reconoció en una entrevista junto a sus hermanos Francis y Henri, que tomaban estrictina, cocaína, cloroformo y otras drogas para darlo todo en carrera. Esa entrevista fue publicada por Le Petit Parisien, con el título de “Los convictos de la carretera”.
Para rematar este repaso de ciclocrossmans que se manejaban bien en la ruta, es preciso hablar de uno de los más mediáticos, Jean Robic. Su estatura era escasa (1,61), pero su valentía, en ocasiones excesiva era enorme, la cual tenía sus riesgos (Demasiadas caídas). Ganador del Tour del 47, demostraba cualidades innatas para destrozar rivales como Coppi, Kübler, Ockers o Bobet cuando la carretera se empinaba. Jamás se rendía, incluso hacía gala de su fortaleza con locuras como golpearse el cráneo con un martillo para demostrar la eficacia del casco que solía llevar por una grave caída la París – Roubaix, o soltar bravuconadas a sus rivales aún teniendo perdida toda opción de victoria. Su figura y fama engrandecieron el ciclocross. Para más inri, se convirtió en el primer hombre en ganar el Mundial en 1950, disputado en París.

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París era testigo además de una de las pruebas más famosas del calendario invernal, un criterium que en la década de los 40 alcanzó su cénit: el ciclocross de Montmartre  La multidud se agolpaba en las calles abriéndose al paso de los corredores. Esta colina de la capital francesa al margen derecho del Sena también es conocida como “el barrio de los pintores”. La antigua comuna anexada a París en 1860 acogía un circuito que recorría las callejuelas adoquinadas, estrechas y empinadas del lugar; bordeaba el famoso cementerio, que acoge el sueño eterno de figuras como Alexandre Dumas; pasaba cerca del Moulin Rouge y se caracterizaba especialmente por un largo tramo de escaleras, tomando así la colina, con las bellas vistas desde la Basílica del Sacré Cœur. Robic se llevó el triunfo no sin dificultad en 1948, la última edición que muestra el siguiente vídeo.

Siguiendo con Robic y su carácter indombable. Sus bravuconadas no sentaron nada bien a un integrante de la selección francesa en 1951. Marcel Bidot, el seleccionador de la época, establecía unas jerarquías bien claras, pero tenía cierta condescendencia con Raphaël Geminiani, de las personalidades más excéntricas y conflictivas jamás vistas en el ciclismo. Se le atribuyen a lo largo de la historia sobornos y chantajes para ganar carreras. No se supeditaba ante nadie, no quería trabajar para un líder, se llamasen Robic o Bobet, él quería ser el líder. Era una bomba de relojería, el ciclista que nadie quiere en su equipo y como era de esperar, un día estalló. En una etapa de ese Tour del 51, a la hora de afrontar una serie de bonificaciones, Robic y Geminiani se enzarzaron en una lucha que terminó por llevarse el pequeño bretón. No hubo cruce de declaraciones al llegar a meta, extraño, cuando Geminiani abría la boca subía el pan. Después, ya en el hotel, Bidot se encontró una escena extraña en el baño. Pilló a Geminiani intentando ahogar en la bañera a Robic, mientras le recriminaba lo sucedido en carrera. Una vez apaciguados los ánimos, Bidot solventó la situación con un “Jugaremos las dos bazas en la general”. A partir de ese hecho, Robic ya no volvió a formar parte de la selección francesa en los Tours siguientes y Geminiani continuó protagonizando altercados.

Ciclismo de época. Cuando los hombres eran hombres.

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