Juego de luces

Con Ponteareas podrían hacerse esas preguntas casi retóricas con respuesta filosófica sobre el significado de la vida del estilo “¿De dónde venimos?”, “¿A dónde vamos?”, “¿Cuál es nuestro cometido?”, etcétera, pero modificándose ligeramente: “¿De dónde venimos?”, “¿Hasta dónde vamos a llegar?”, y sobretodo “¿En qué narices nos hemos convertido?”. De modo que arrojemos un poco de luz para buscar una posible respuesta.

“¿De dónde venimos y en qué narices nos hemos convertido?”

Pues antaño, Ponteareas era un pueblo sin ínfulas de convertirse en ciudad, al menos de una forma estructural. No existía la tremebunda especulación inmobiliaria de los 90 y 2000, donde se construía hasta en el mínimo montículo de tierra carente de cemento y ladrillo. Era tal el crecimiento, que si por cualquier asunto te ibas del pueblo un par de semanas tomando por ejemplo el camino de la vieja nacional Logroño-Vigo, en la ida podías observar más allá de la cuneta viñedos, casas unifamiliares de edificación antigua,  y fincas recién labradas o con el maíz ya crecido…Pero amigo, a la vuelta tenías un regimiento de obreros de las dos grandes constructoras de la localidad levantando pisos cual posesos y llenándose los bolsillos. A esa construcción desorganizada e incontrolable, con el único fin, o al menos eso nos vendían, de convertirnos en ciudad (Si, en ciudad un lugar con menos de 20000 habitantes en los 90 y con la mayoría de la misma desperdigada en las múltiples parroquias), se le veía alguna ventaja, al menos los jóvenes. Como punto caliente de la vida nocturna de la comarca, en cuanto los edificios en construcción llegaron a las inmediaciones de las discotecas, éstos se convertían en las madrugadas en Sodoma y Gomorra, siendo las alforjas de estopa objetos bien cotizados por su comodidad. Le atribuyo “comodidad” porque lo siguiente más cómodo eran los palés de sacos de cemento recubiertos con plástico. Más adelante, algún grupo de ilusionados previsores con ganas de triunfar llevaban un colchón a la obra, lo dejaban en un recóndito lugar del edificio, y esperaban tener suerte y ser el primero en llevarse la compañía y utilizar el preciado colchón. Con esto creo que se puede asegurar que más de uno se benefició de, y a la burbuja inmobiliaria.

Dejando la vorágine del ladrillo a un lado, pasemos a otros ámbitos, aunque también están relacionados con ella: antaño, en los márgenes de las calles existían árboles y no aceras hasta arriba de cagarrutas caninas, terrazas de bares, coches, motos, e incluso todo eso mismo a la vez pero añadiendo la gente que sale a fumar al exterior. Caminar por algunas aceras en ocasiones se convierte en una auténtica gymkana. Agudizas tus reflejos esquivando todo lo relatado anteriormente, y en ocasiones echas de menos una persona a tu lado que te vaya cantando las dificultades que van llegando cual copiloto porque estás con la vista puesta en el suelo intentando que el regalito que ha dejado el Fox Terrier de la señora no termine en la suela de tus zapatos.

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También teníamos en Ponteareas un río que se desbordaba, el Tea. Matizo, todavía lo tenemos, pero debido a un mamotreto conocido como sala de fiestas a la que seguramente la señora del Fox Terrier acudirá los domingos por la tarde religiosamente, se modificó el cauce del río y este se sale al mínimo chaparrón anegando las casas pegadas a la N-120 (la antigua Logroño-Vigo).La Logroño-Vigo, esta arteria rectilínea de Ponteareas que hoy tiene desde hipermercados, hasta oficinas de turismo en situación de abandono, pasando por rotondas inauguradas por Miguel Indurain (donde los fines de semana jóvenes beodos intentan emular sin mucho éxito subiéndose a las bicicletas del monumento). Antiguamente era un lugar donde el tráfico pasaba a gran velocidad. Se soportaba todo el tráfico de la actual A-52 y para regularlo pues se instalaron una serie de semáforos, los cuales se extendieron también a distintas intersecciones problemáticas, solventadas hoy en día con multitud de rotondas como el cruce de la carretera a Salvaterra, por poner un ejemplo.

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En este relato nos centraremos  en especial en el cruce de la imagen, entre la carretera de Mondariz con la N-120 (la perspectiva de la imagen está tomada desde dirección Mondariz. El Seat Fura que gira a la izquierda toma dirección N-120 al centro del pueblo o a Ourense).  Si en los semáforos del centro de la localidad situados en los pasos de cebra de los distintos colegios, muchos conductores hacían caso omiso del color que luciese el semáforo en ese momento, en el cruce de la carretera de Mondariz los numerosos accidentes aumentaron hasta antes de su puesta en funcionamiento.

Por las tardes, cuando muchos volvían de Porriño o Vigo de trabajar, o los transportistas continuaban sus largas rutas y tocaba pasar por Ponteareas, la luz del sol jugaba una mala pasada a los conductores: el semáforo parecía estar siempre en rojo, mientras la luz verde se apreciaba en menor medida. Se recurrió a una solución manual para paliar la jugarreta propiciada por la luz solar: se colocó una bolsa de basura tapando las luces rojas del semáforo, así que con ese invento si no veías ninguna luz encendida entonces suponías que el semáforo estaba en rojo. Cómodo y fácil. Pues no, hubo un accidente que colmó el vaso. En una de esas tardes soleadas (esto lo he preguntado más de una vez, porque ese momento no lo viví), un camión cargado con planchas de metal impactó contra un coche parado en el semáforo, estas se desprendieron del remolque y el siguiente coche que venía detrás no pudo frenar a tiempo avanzando por encima de las planchas cual rampa y tras un breve vuelo terminó estrellándose casi a la altura de la primera planta del edificio de la imagen. El tiempo que los semáforos estuvieron en funcionamiento en Ponteareas duró apenas una semana. Tras un mes de tregua, se les dio una segunda oportunidad que duró apenas unos días, así que se decidió apostar por las novedosas rotondas. Su desmantelamiento terminó a mediados de los 90. Todavía recuerdo algunos de ellos, totalmente apagados, por supuesto. Hasta hace muy poco quedaba el rastro de sus bases en el cruce de la carretera a Salvaterra, pero la reforma de las aceras borró definitivamente su paso por aquí.

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Hoy en día todavía queda algún semáforo en Ponteareas, pero no en el centro, sino en la parroquia de Moreira en el puente conocido como “das Partidas”, lugar donde el ayuntamiento proyectó una presa en el Tea que nunca se llegó a construir allá por principios de los 80. Este consta de una pareja de semáforos puestos tras un lavado de cara del puente, ya que se estaba deteriorando a pasos agigantados. Estos evitan que coincidan coches en la mitad del puente, que es muy estrecho y además tiene una especie de cambio de rasante en medio que te impide ver el otro extremo. Pero también aparecieron problemas con estes semáforos: estaban mal regulados. De un lado estaba abierto casi un minuto y del otro apenas quince segundos. Y me refiero a ellos como “estaba” y “estaban” porque ya no es una pareja. Un semáforo ha desaparecido, ya no está, quizá lo hayan robado, quién sabe. Simplemente queda el poste metálico donde estaba colocado y con ello han vuelto los bocinazos en el puente para alertar del paso por el mismo.

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Ahora me pregunto yo, ¿quién quiere un semáforo? Seguramente haya terminado desmontado y vendido al peso en una chatarrería, pero en caso contrario, ¿para qué lo querrían? ¿Para saber si está el baño ocupado? En caso de lucir el ámbar, ¿será que todavía queda peligro en forma de olor y debes pasar lo más rápido posible? ¿Robarían un semáforo para emular a este método anticonceptivo anunciado en tv donde te indican con color verde o rojo cuándo puedes “cumplir” con tu pareja? Lo que tengo claro que es que si buscan ese semáforo en un lugar en el que pasaría inadvertido sería en los muchos locales de esparcimiento aderezados con luces de neón que decoraban la Logroño-Vigo. Bueno, quizá decir “lo tengo claro” y relacionarlo con locales de señoritas de baja alcurnia y alta cama de una imagen errónea de mi, digamos que es un suponer, que lo he preguntado, como el accidente del cruce de la carretera de Mondariz y la conflictiva relación de los semáforos con Ponteareas.

“¿Hasta dónde vamos a llegar?”

El futuro es incierto y más en un lugar donde los jóvenes no tienen oportunidades y están forzados a irse, donde los políticos huyen por la ventana del ayuntamiento de ancianos estafados por las preferentes, donde el desempleo aumenta, y de cara al exterior nuestras apariciones en tv son por temas macabros, corruptos, o sórdidos. ¡Hasta han hablado de Ponteareas en Crónicas Marcianas! Lo recuerdo perfectamente. Fue cuando le pasaron la radial por el cuello al busto de Franco que había en la Plaza Mayor, o más bien conocida justamente como Plaza del Cabezón. Menudo día de alegría. Sardá, todo el público del programa, los tertulianos, hasta Galindo aplaudieron con efusividad.

Muchos de niños jugamos al fútbol allí. Cuando no había partidillo probábamos nuestra puntería desde lejos acertando en la cabeza de bronce de Franco. Nadie ha marcado tantos goles de cabeza en Ponteareas como él, ni siquiera cuando en los tiempos de bonanza el Juvenil fichaba brasileños que marcaban 50 goles por temporada. Otro momento sórdido, por proximidad, fue uno acaecido en mi barrio por la disputa de la titularidad de una fuente. Unos decían que era pública, pero la dueña de la finca anexa a la fuente decía que era suya. En esto, la TVG fue a indagar y preguntar a los implicados, especialmente a la dueña, que no se tomó muy bien la presencia de las cámaras. En un día de tiempo cambiante, la señora blandió su paraguas sobre un técnico de sonido, un cámara, y una reportera que no cesaba de realizar su trabajo mientras sobre ella caían más golpes. Si alguien recuerda el programa de zapping “La batidora”, este vídeo estuvo en su top 10 durante meses, lo que fue un orgullo celebrado con pintadas delante del domicilio de la dueña recordándole cada semana en qué puesto del ranking estaba su “performance” con el paraguas. El momento macabro en tv me lo ahorro porque no soy un experto en congeladores, y la corrupción es suficiente con asomarse al ayuntamiento, su aroma se siente.


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Quizá vendría bien poner un semáforo para frenar todo lo malo que nos rodea, pero podrían robarlo y dejarnos sin su juego de luces, como ocurrió en Ponteareas.

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